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“Bien podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo será imposible”.  Don Quijote de la Mancha. 2ª Part. Cap. XVII.

(Taraguilla-San Roque, Cádiz, 1967)

Fernando García Arévalo

Reportero independiente. Dos palabras bellísimas que unidas lo son aún más.

Autodidacta. Las diferentes escuelas me hicieron perder el tiempo y nunca me enseñaron algo importante. He aprendido la profesión periodística equivocándome, trabajando, viajando, corriendo riesgos, haciendo fotos, escuchando, leyendo…, viviendo.

Jamás he tenido un contrato ni falta que me ha hecho. No necesito que alguien me mande a cubrir una historia: si quiero hacerlo hago las maletas y me voy a por ello. No soy un niño bien. Reúno el dinero de mis viajes con muchísimo esfuerzo y trabajo.

Sigo ilusionado y nunca me podrán impedir trabajar en lo que creo. Podrán quitarme la gloria pero jamás la curiosidad.

Fotógrafo y Máster en Imagen Periodística por la Escuela Superior de Imagen y Sonido (CEV) en  Madrid. De 1992 a 1994, colaboró con la agencia gráfica Staff en Madrid. Desde 1995  trabaja como reportero independiente colaborando con medios nacionales e internacionales. Ha cubierto numerosos conflictos bélicos y desde 1992 intenta seguir el drama de las migraciones irregulares. 

Ha recibido numerosos reconocimientos nacionales e internacionales por su trabajo sobre las migraciones. Durante el verano de 2001 expuso en numerosas playas de la provincia de Cádiz “En lo más ancho del Estrecho”, un resumen de 10 años de su trabajo fotográfico sobre migraciones. 

En 2006 el programa de Televisión Española Documentos TV realizó el documental “La última foto”, tratando el tema de las migraciones de aquellos años utilizando como nexo de unión del reportaje la figura y el trabajo de Fernando García Arévalo en este tema.  

 Hace 25 años tuve la gran suerte de presenciar en directo aquella travesía del Estrecho.

Fue al amanecer de un día y al amanecer de una pasión periodística. 

En septiembre de 1992, tras  mes y medio de trabajo, conseguí captar las que hoy se consideran primeras imágenes* de migrantes irregulares tratando de cruzar el Mediterráneo. Esas primeras fotografías, de valor periodístico irrefutable, dieron la vuelta al mundo.  Hoy, 25 años después de ser captadas, siguen siendo el fiel reflejo de un drama recrudecido enormemente en los últimos años y convertido en uno de los grandes retos a los que enfrentarnos sin más demora.

   Avergüenza, o debería avergonzar, la aptitud que en Europa hemos adoptado al respecto. Es moralmente inaceptable seguir mirando para otro lado. Quizá el desdén y la indolencia que mostramos no nos haga culpables pero sí cómplices del dantesco espectáculo que en nuestras propias narices se está representando. El problema de las migraciones humanas (choca llamarlo problema cuando es algo consustancial al hombre además de haber sido una de las razones por las que seguimos existiendo como raza) no es un tema coyuntural: ha venido para quedarse. Si no adoptamos medidas urgentes para dignificar la vida de millones de personas; si no evitamos las migraciones incontroladas puestas además en bandeja a grupos mafiosos, la catástrofe estará servida.

  Hace 25 años tuve la gran suerte de presenciar en directo aquella travesía del Estrecho. Fue al amanecer de un día y al amanecer de una pasión periodística.  Aquel grupo de personas que se jugaba la vida para conseguir  algo que yo poseía, sin haber hecho nada para merecerlo, me impresionó enormemente. El joven e inexperto reportero que era entonces quedó marcado para siempre. Doy las gracias a esos valientes por la lección que me dieron justo cuando más la necesitaba.

   Durante todos estos años, casi siempre de manera independiente, he intentado trabajar sobre las migraciones irregulares. Lo he hecho sobre los orígenes, motivos y circunstancias,  y sobre los efectos que producen  en las personas que las realizan. Lo que aquí pueden ver es una parte ínfima del material que por desgracia he logrado reunir desde que empecé hace un cuarto de siglo.  Cada imagen va acompañada de un breve pie de información pura y objetiva de los hechos. Cada una de las historias, 25 en total, va unida a un texto* donde nada de lo que se dice es mentira pero intentando contar las cosas de otra manera: verdad sólo hay una;  formas de contarla, muchas. No sé si la elegida es buena, mala o regular: sí puedo asegurarles que es la más honesta que encuentro de contarla.

*Sólo podrán ser leídos en su integridad si visitan la exposición o compran el libro.

PRÓXIMAMENTE

Podrás descargar el libro “En lo más ancho del Estrecho”. Fotografías con gran calidad acompañadas de relatos completos. 

 

 

 

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